jueves 2 de diciembre de 2010
A TOXA - CAPITULO VI: EL DELITO
Ella al verlos se quedó clavada en tierra y ellos tan sorprendidos, que se le cayó lo que tenían en la mano; poco a poco fueron reaccionando y empezaron a acercarse peligrosamente por direcciones opuestas, con brutales sonrisas dibujadas en sus rostros y bocas babeantes; se notaba en sus semblantes la determinación de llevar a cabo el más ruin de los delitos.
La moza se dio cuenta enseguida de sus aviesas intenciones y se fue arrimando cautelosamente contra un árbol corpulento. Ellos comenzaron a decirle palabras soeces en su lengua, que ella entendía a la perfección.
“- Non te asustes morocha, non te asustes que somos homes de ben”- dijo uno-
“- De ben facer,” decía el otro mientras se acercaba como una alimaña-“pois ímosche facer que vexas o Ceo nun trío sensacional ja ja ja…”
Ella quiso escaparse, que seguro que corría más que ellos; pero el miedo la atenazó y no fue capaz de moverse.
El último que había hablado estaba ya tan cerca, que en un momento inesperado alargó la mano y le desgarró el vestido desde el escote a la cintura; al ver la tersura de sus senos empinados, que ella trataba de tapar inútilmente. La pasión los volvió locos y los dos al unísono la atacaron despiadadamente.
Ella se defendió con uñas y dientes y sus rasguños quedaron marcados en las caras de los villanos para mucho tiempo. Ellos blasfemaban al revolverse para reducirla y la joven, al verse ya perdida, se acordó de su fiel amigo y lo llamó con todas sus decaídas fuerzas:
- ¡¡Pardo ataca!!
Pardo voló literalmente por los aires con las pezuñas por delante y lanzando unos ronquidos escalofriantes, cayó sobre ellos y empezó a desollarlos vivos; los lascivos sujetos trataban de tapar la cara con los brazos pero de nada les servía, los afilados dientes del can arrancaban trozos de carne por doquier y la sangre corría a raudales. Los desgraciados libertinos estaban tirados en el suelo recibiendo el ataque más fiero que nunca vieran, y esperando la dentellada definitiva en la garganta para que sus vidas se apagaran.
Cuando ella vio que era suficiente le dio una contraorden: ¡Para! y el perro los dejó al momento, vigilándolos y enseñando los dientes. Los malparados individuos permanecieron un rato quietos, presas del pánico; mas cuando vieron que la fiera ya no les atacaba y la sangre se escurría de sus cuerpos, fueron arrastrándose hasta su lancha y abandonaron la Isla entre ayes de dolor y amenazas.
-Ay…Que nos matou…
-¡Qué ia matar ó! ¿Non ves que inda podemos falar?
-E brava coma un toxo.
- É unha toxa é, pero xa verás como as paga; inda non sabe o que lle espera, mal raio a parta.
-¡Toxa! ¡Toxa do inferno, xa nos caerás nas mans- gritaban los dos a una mientras la lancha se iba alejando-
Al perderlos de vista se dejó caer sobre la yerba y lloró con amargura mientras el perrito la lamía acariciadoramente; no serán los últimos,
- pensaba- de ahora en adelante la vida para mi va a ser un infierno, la caza ya ha comenzado…Y lloraba y lloraba sin consuelo.
La moza se dio cuenta enseguida de sus aviesas intenciones y se fue arrimando cautelosamente contra un árbol corpulento. Ellos comenzaron a decirle palabras soeces en su lengua, que ella entendía a la perfección.
“- Non te asustes morocha, non te asustes que somos homes de ben”- dijo uno-
“- De ben facer,” decía el otro mientras se acercaba como una alimaña-“pois ímosche facer que vexas o Ceo nun trío sensacional ja ja ja…”
Ella quiso escaparse, que seguro que corría más que ellos; pero el miedo la atenazó y no fue capaz de moverse.
El último que había hablado estaba ya tan cerca, que en un momento inesperado alargó la mano y le desgarró el vestido desde el escote a la cintura; al ver la tersura de sus senos empinados, que ella trataba de tapar inútilmente. La pasión los volvió locos y los dos al unísono la atacaron despiadadamente.
Ella se defendió con uñas y dientes y sus rasguños quedaron marcados en las caras de los villanos para mucho tiempo. Ellos blasfemaban al revolverse para reducirla y la joven, al verse ya perdida, se acordó de su fiel amigo y lo llamó con todas sus decaídas fuerzas:
- ¡¡Pardo ataca!!
Pardo voló literalmente por los aires con las pezuñas por delante y lanzando unos ronquidos escalofriantes, cayó sobre ellos y empezó a desollarlos vivos; los lascivos sujetos trataban de tapar la cara con los brazos pero de nada les servía, los afilados dientes del can arrancaban trozos de carne por doquier y la sangre corría a raudales. Los desgraciados libertinos estaban tirados en el suelo recibiendo el ataque más fiero que nunca vieran, y esperando la dentellada definitiva en la garganta para que sus vidas se apagaran.
Cuando ella vio que era suficiente le dio una contraorden: ¡Para! y el perro los dejó al momento, vigilándolos y enseñando los dientes. Los malparados individuos permanecieron un rato quietos, presas del pánico; mas cuando vieron que la fiera ya no les atacaba y la sangre se escurría de sus cuerpos, fueron arrastrándose hasta su lancha y abandonaron la Isla entre ayes de dolor y amenazas.
-Ay…Que nos matou…
-¡Qué ia matar ó! ¿Non ves que inda podemos falar?
-E brava coma un toxo.
- É unha toxa é, pero xa verás como as paga; inda non sabe o que lle espera, mal raio a parta.
-¡Toxa! ¡Toxa do inferno, xa nos caerás nas mans- gritaban los dos a una mientras la lancha se iba alejando-
Al perderlos de vista se dejó caer sobre la yerba y lloró con amargura mientras el perrito la lamía acariciadoramente; no serán los últimos,
- pensaba- de ahora en adelante la vida para mi va a ser un infierno, la caza ya ha comenzado…Y lloraba y lloraba sin consuelo.
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