viernes 19 de noviembre de 2010

A TOXA - CAPÍTULO III: LO DESCONOCIDO

Más tarde, cuando ya se creía perdida en la espesura del bosque, apareció en oriente el disco de la Luna y allá a lo lejos, en el horizonte opuesto, creyó adivinar unos reflejos plateados, indicadores de que el mar se hallaba en aquella dirección. Hacia allí dirigió sus pasos que ahora, a la blanquecina luz lunar, eran más firmes y seguros; el perrito la precedía marcándole el sendero y así anduvieron toda la noche entre pinares, tojos y maleza.
La luz del alba la sorprendió en un otero descampado, rodeado de altos pinos; agotada y con las piernas sangrando por las picaduras del sin fin de espinas que a lo largo de aquel deambular nocturno las habían “acariciado”, se dejó caer sobre la yerba; el perro se echó a su lado, arrimadito para darle calor, y al poco rato estaban ambos completamente dormidos.
Despertó sobresaltada cuando los rayos del Sol le daban fuerte sobre su cara, Pardo estaba sentado a sus pies, haciéndole guardia con la lengua fuera y ella se sonrió al verlo; le acarició la cabeza, que a él le gustaba mucho, y luego partió unas raciones de pan y queso para ambos, que comieron con fruición, saciaron la sed en el arroyuelo que pasaba allí cerca, y siguieron su incierto y desconocido camino.
Al mediodía, cuando el Sol les caía a plomo sobre sus cabezas; hicieron un alto para reponer fuerzas y por la tarde, aunque con mucho menos brío que por la mañana, la valiente moza anduvo y anduvo sobre sus doloridos pies y piernas ensangrentadas hasta que al anochecer, divisó entusiasmada la inmensa llanura plateada del mar en calma.
Se dejó caer como una muerta en las doradas arenas de la playa y después de darle algo que diluir a su estómago y al de so noble can, durmió toda la noche de un tirón envuelta en una manta y oyendo en su duermevela el suave chapoteo de las olas incansables.
La mañana era radiante de luz y calor; Pardo ladrábale a un cangrejo que corría a esconderse entre unas rocas y Priscila, por primera vez en toda su vida, Se sintió totalmente liberada y alegre, hasta el punto de echar una carrerilla por la playa haciendo molinillo con los brazos y riendo, como suele decirse, a mandíbula batiente, aquello era maravilloso y nuevo para ella, que había llevado siempre una vida llena de privaciones para no perder nunca los buenos modales. ¡Que vaya todo al infierno! -Gritó a todo pulmón- Luego despojóse de sus ya raídas y sucias ropas y como su madre la trajo al mundo, se adentró en el agua, la sintió fría y ardiente en las múltiples heridas de su ya escasa piel pero aún tuvo la suficiente fuerza de voluntad para echarse a nadar y al poco rato, ya no sentía frío alguno y de pie, con el agua por la rodilla, procedió a frotar y admirar sus redondeces bien formadas pero picadas de aquella terrible enfermedad que tan desgraciada la hacía. Luego se entretuvo recogiendo berberechos rascando con los dedos en la arena y más tarde, se dio un gran banquete comiéndolos crudos, mientras el pero perseguía inútilmente a las gaviotas.
Al mediodía decidió que no podía quedarse allí por más tiempo, aún debía estar demasiado cerca de casa y era muy posible que su padre, al organizar su búsqueda, pudiera encontrarla. ¿A dónde ir ahora entonces?- Se preguntó, extendiendo la vista por el horizonte, donde el mar se confunde con el Cielo azul. Allá a lo lejos, hacia el suroeste, vio un pinar frondoso, aislado en medio del mar, que le llamó la atención y le gustó en seguida: El sitio ideal – pensó- pero...¿Cómo llegar allí ? Si parece una isla... Se encaminó hacia el sur por la orilla del mar, sin prisa pero sin pausa. La marea fue bajando, cada vez estaba más cerca de aquella tierra lujuriosa de vegetación verde rabioso y de golpe, cuando la marea estaba en su punto más bajo, vio con satisfacción que del mar emergía una lengua de arena que podía hacer factible la llegada a pié a aquel bosque suspendido sobre el mar. Apuró el paso por la ribera y al anochecer, después de haber pasado zonas donde el agua le llegaba al pecho pero sin arredrarse en ningún momento, Puso pie en la isla hermosa y desconocida que en el futuro sería su hogar.

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